noviembre 08, 2011

Ardorosa luz

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Algo roza los muros...
un alma quiere nacer
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Mañana sus ojos mirarán


Vicente Huidobro

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a Martha
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Las cosas que nos acompañan desde la mesita de noche también están solas. Han perdido su sombra y sus contornos se diluyen en quietud insoportable. Sus bordes ya no tienen la dureza del filo desde donde se mostraban en aparente silencio, lucen como agudas transparencias, breves e inefables. En la luz y en la oscuridad, el dolor es un temblor abstracto en las falanges y las esquinas más calladas. Vivimos, en efecto, vivimos. Miríadas de fortalezas huidizas nos contemplan sin aliento en las bocas. Debemos esperar acurrucados, escondidos en el calor que nos queda del primer abrazo. Sobre el pecho boca arriba, reposa un amor piadoso. El alma es una espiga altísima que no vemos partir con nuestros ojos ciegos. Debemos confiar la despedida a la mirada estatuaria de las lechuzas despiertas. Vivimos. «Arriba» o «allá» otro territorio nos define. Inexorablemente.

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octubre 10, 2011

Los sueños de Nebamón

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Jardín con estanque (1420-1375 a.C.) detalle de un mural de 64x76 cm
Anónimo. British Museum, Londres

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No sé qué sueña Nebamón. Tal vez sueña con las líneas dibujadas por las tilapias en el agua del estanque. Miro las palmeras y el resto de los árboles con todo el cielo detrás de ellos. Como si fuese posible romper la piedra detrás de sus ramas, para que los pájaros insistan como parte del paisaje. Hay luces entre los árboles* y cielos azules detrás de sus ramas.

Frutas, papiros, lotos y vasijas son suficiente hogar para Hathor. Suficiente alimento en sus manos para apaciguar la soledad de sus muertos. ¡Cuánta flor sobre la piedra! Desde un pincel anónimo, esas horas soñadas de tintura y silencio en la labor. Pintar la vida en la piedra de las tumbas, consagra lo vital de un latido en la piedra, lo imposible de su gracia.

En el reflejo de la luz enraizada, brilla también el cansancio de los sicomoros.

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*Poema de Fernando Paz Castillo

marzo 17, 2011

El paisaje, mi páramo

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Carretera Trasandina, estado Mérida. Venezuela.


febrero 18, 2011

misiva

Parezco sola aquí, vista desde lejos
Adentro
estoy acompañada
como los árboles en los bosques

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La fragilidad tiene cáscaras de acero en los cuencos de mi anatomía.

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La noche está detrás de la ventana
Miro
atenta,
que el día rompa en brillos
Bautismo cotidiano y silencioso
visible sólo desde las tinieblas

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Punto final

febrero 16, 2011

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Sabia raíz

A flor de piel (no)
A flor de tierra (no)
A flor de agua (sí)

Manglar inquieto
de cara al brillo breve de la luz

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Manto de sal
Manto de raíz
Manto sumergido
rama hundida, donde el pájaro no alcanza
Cúbrenos

manglar

Húmeda raíz

Me sostengo de tu sólido engranaje
red y abismo
desde el cielo hasta la tierra
Sin más fondo que tu insistir salado.

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Siempre dije:
La palabra es un decreto.

Es, además, un presagio
en forma de tímido haiku.

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La voluntad es una delgada cicatriz
en el fondo vacío de esta taza

noviembre 25, 2010

punto

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Escondida en la madeja de mi tejido, estas redes son los trazos de mi cartografía elemental. Mi reino de silencios.

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noviembre 12, 2010

marcelina

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Junta las manos por el frío. Se estira la camisa por el borde inferior y busca calor en el roce de las telas. Mira a los ojos. Digo «gracias» todas las veces que puedo por esos ojos que miran sin atajos. Ofrece café y también lo toma entre las manos, sé que el vapor del café hirviente es otra puerta abierta para el calor. Llueve sin piedad pero esta vez no me quedo mirando las gotas en la ventana. Le doy la espalda a la lluvia y me concentro en los dibujos opacos del humo del café cerca de los lentes de Marcelina. Por momentos me distraigo en el cordel que los asegura y viajo distante hasta los lentes de mi abuela. Entonces me descubro entre huellas desnudas, como esos recuerdos que no son recuerdo pero se presentan como «cosa ocurrida» aunque estén por pasar. Cierro los ojos para desviarme de la nostalgia mientras Marcelina pasa las manos por el borde de la tela (siempre con amor). El sonido de la lluvia insiste con sentencia de brújula pero yo conozco sus predios así que sigo dándole la espalda. Un día esas gotas y ese sonido dejarán su significado de nudo en la garganta. Como el rigor de la hebra hilvanada en el trazo de la aguja, el territorio de este firmamento en basta tiene límites que me tranquilizan. Siempre añoro montañas en el borde borroso de cualquier horizonte. No me condena la severidad brillante de la aguja... son tantos los devenires arrojados.

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